EMDR es una psicoterapia para el tratamiento de dificultades emocionales presentes derivados de la vivencia de experiencias vitales negativas, lo que también conocemos como traumas.

Desde el abordaje EMDR se identifican dos tipos de traumas: los traumas con “T” mayúscula y los traumas con “t” minúscula. Los primeros hacen referencia a los sucesos negativos aislados en los que la persona ha experimentado que su vida o ha presenciado que la de alguien corría peligro, por ejemplo, un accidente de tráfico, un incendio o una catástrofe natural. Por otro lado. Los traumas con “t” minúscula que son aquellas experiencias que han tenido durabilidad en el tiempo y que han formado parte del bagaje de vida del sujeto: humillaciones, abusos, apego inadecuado por parte de los progenitores, etc.

La repercusión que tenga un trauma en la persona no dependerá del origen o del tipo que sea, pues puede ser igual de perjudicial un trauma con “T” mayúscula como uno con “t” minúscula. En adultos, sus efectos tendrán consecuencias diferentes según la persona, su historia de vida, factores familiares, ambientales, etc. Del mismo modo, las manifestaciones pueden ser desde  ataques de pánico, depresión, ansiedad, fobias… hasta inseguridades, creencias negativas autorreferentes, baja autoestima, etc. Estas son los síntomas que generan el malestar actual en la persona.

El cerebro tiene la capacidad innata de grabar y reprocesar todas las experiencias que vivimos en nuestro día a día. Sin embargo, en ocasiones estas experiencias quedan mal almacenadas y, aunque podamos olvidar el incidente, puede dar lugar a la manifestación de diferentes síntomas o trastornos. Es entonces cuando tenemos que ayudar al cerebro a que realice una resolución adaptativa de esa información de manera natural y directa. De este modo conseguimos una reducción o remisión de los síntomas, cambio de creencias y mejor funcionamiento en general.